viernes, agosto 07, 2009

Don't Feed The Troll!!



Por segundo viernes consecutivo, me tocaba ir al trabajo con la maleta a cuestas. Este finde nos fuimos a Herrera de Pisuerga, en la provincia de Palencia. Íbamos expectantes, pues Alber nos había hablado bastante del pueblo y de sus fiestas, llamadas Festival Nacional de Exaltación del Cangrejo. Ahí es nada. Salí del trabajo un pooc antes de lo habitual, pero aún así, entre pitos y flautas, llegué bastante tarde a nuetsro punto de encuentro, así que hasta las 4.30 o así no salimos de Madrid. Acojonaditos íbamos por la Operación Salida, pero nada, el viaje como la seda, y más con los compañeros de viaje que tuve. Llegamos a buena hora a casa de Alber, hicimos la compra, nos acomodamos, dejamos las cosas y salimos a pasear por el pueblo. De camino al parque, fotografiamos sin parar una casa que es la extravagancia más grande que he visto en mucho tiempo: setos cortados con formas de animales al más puro estilo Manostijeras, molinillos de viento a doquier, figuras de Blancanieves y los 7 Enanitos, un reloj de LED en la casa de la piscina, un cuadro de la Virgen María con una bombilla encima... En fin, excentricidades. Y el parque no se quedaba atrás, ya que además de parque es refugio de pájaros. Vimos pavos realas gigantescos y pajarillos moribundos, pero hasta el domingo no nos daríamos cuenta de lo guay que era. Después hicimos el ganso por los columpios y volvimos a casa con las cámaras llenas y la panza vacía. Cenamos unos cagrejos riquísimos que nos dejó la madre de Alber y la sobremesa se nos alargó tanto que no salimos ni nada.





El sábado nos despertamos prontito y con ganas. Desayunamos como marqueses y en seguida nos pusimos en marcha hacia Santander. Nuestro plan era un día de playa sin agobios, y cuando llegamos a Santander, plantxapanuestroabuelo, estaba diluviando y no tenía pinta de escampar. Santi nos llevó directamente hasta el faro, un lugar privilegiado en un acantilado con unas vistas alucinantes que dispararon nuestro síndrome de Stendhal. Nos metimos al bar del faro a comernos unas rabas que estaban buenísimas, ¡riquísimas! Vimos a gente en tirolina, a italianos flipando con la lluvia, a señoras tipo Miss Marple y nos fuimos a la ciudad, a comer a un sitio finísimo que se llama Vientos del Sur o algo así, que tiene la carta más divertida del mundo, parece escrita por los Chycha. Contaban cómo se les habían ocurrido los platos, que si la cocinera marfileña era conocidísima por allí, que si el queso lo hacían unas vacas especiales de los prados cántabros... Luego la comida estaba de lujo y el precio del menú más que aceptable. Yo me decanté por una ensalda sueca (salmón y patatas) y una hamburguesa rica rica con una salsa de vicio. De postre, una tarta de queso con frambuesas que nos volvimos locos de lo rica que estaba. Y, al salir, creíamos que salía un poco el sol, pero en cuestión de segundos nos cayó la del pulpo y tuvimos que esperar bajo los soportales de la Plaza de Velarde. Corriendo por las calles para no mojarnos, nos metimos en un mercado renovado, tipo el de San Miguel de Madrid, y nos topamos con una máquina de leche fresca. Resulta que te comrpas una botella de cristla y por un euro puedes rellenarla en la máquina, que da leche casi directa de la vaca. Como un señor de allí nos dijo:"toda la vida tomando mierda, pero ahora solo bebo esta leche". Nos encantó la idea y compramos dos litrejos, para el desayuno del domingo. Hartos de tanta lluvia, pusimos rumbo al pueblo.





Hicimos escala en el pueblo de Isa, Aguilar de Campoo, que es fammosísimo por sus galletas (es la cuna de la maria fontaneda), pero aparte es un sitio precioso, con su catedral románica y sus casitas acristaladas. Un paseo de lo más agradable, encuentros inesperados y martinis rosso en terracita. Como curiosidad, tienen un arco como los de Bolonia, de esos que una persona se pone en un lado del arco y otra en el otro lado, y puedes hablar tranquilamente a dos metros de distancia, que el sonido se propaga por el arco. Creo que no me he explicado bien, pero bueno. Nos fuimos a Herrera y nos tomamos una cañeja en el Coxax. Subimos a cenar (cangrejos ora vez) y vencimos la pereza, que las fiestas están para salir un poco. Las calles estaban petadas, normal. Fuimos a un bar horrible donde ponían techno salvaje, qué amargura. Acabamos en el Coxax, otra vez, nos bebimos unas cervecitas y a casa, que estábamos molidos de estar todo el día de aquí para allá.





El domingo nos despertó el sonido de las charangas y el desfile de fallas del pueblo, que no repara en gastos. En el palco, las autoridades, a saber: el alcalde, el cura, la guardia civil, la reina del cagrejo, miss turismo... y debajo, las peñas locas, de empalmada, etílicos perdidos, tirándose cerves y kalimotxos encima al son de las charangas, que iban desde Paquito el chocolatero a Ob-la-di Ob-la-da. Flipamos un rato y nos subimos a casa a prepararnos para el gran evento: la comida en le parque. Todo el pueblo reunido para zampar paella y cangrejos de forma salvaje. Nos tiramos en el césped y nos papeamos nuestra comida como si no hubiera mañana. Hicimos un amago de siesta y nos fuimos a visitar los pájaros, que estaban abiertos al público ¡Vaya pajarracos más feos vimos, dios! Luego, parada en el Coxax para un café, y rumbo a Madrid. El viaje muy tranqui, no llegamos a horas demasiado intempestivas.

Durante la semana no he hecho más que trabajar y dormir la siesta. Rollo. Por lo menos esta noche pinchamos en el Eclectic, así podré salir de la rutina y volver a pinchar, que estábamos en el dique seco. Ya puse una entrada ayer, pero recuerdo que estaremos esta noche, a partir de la 1:30, poniendo musicón en el Eclectic, que está en la calle Albuquerque 14, en la sala Clamores. Si estais por Madrid, no encontrareis plan mejor.





En la actualización de Barcelona, se me olvidó comentar lo de Sergi, que se ha inventado una excusa genial por si te pillan juagndo al Pet Society en el curro. Solo hay que mostrarle tu Pet a tu jefe y decir: ES QUE ES TAAAAN MOOONOOOO.

Ah, he hecho una colaboración para La Fonoteca, qué contento estoy. Es una reseña del Fuengirola, de Flow.